Por
Carlos Tavarez
(pionero
del Espaillat)
Con
sus acólitos segundos, minutos, horas, días, semanas y meses,
discurrieron entre precariedades las incidencias de una época, que
talló en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de vivirla;
imborrables y gratos recuerdos. (Me refiero a los 70s).
Parecía
a cada instante, urgirle a tal; embutir en nuestros mocetones
espíritus, toda la alegría e intenso colorido de la plenitud
existencial. El derroche de energía, espontáneo manifiesto juvenil,
con su algarabía y desenfado mágicos; relegaron siempre a condición
de nimios, todos aquellos momentos donde la tristeza presentó sus
credenciales.
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El Tocayo de la 19 Carlos Ramirez |
La
actividad era constante: Clubes, fiestas en las casas, tertulias
bohemias, serenatas; y hasta velorios como aquel, en que al momento
de sacar de la casa al muerto para meterlo al carro fúnebre, ya
estando mi compinche y tocayo: Carlos Ramirez y este quien suscribe
ataúd en manos, al momento de intentar cruzar el umbral de la
puerta; madre, hermana, sobrina, cuñada y hasta una vecina que era
"muy atenta" con el difunto; arrancaron con el griterío:
¡AY QUE NO SE LO LLEVEN! Acto seguido; brilló la ocurrente chispa
emocional de mi amigo quien me dice: "TOCAYO PA'TRA", ante
lo que la viuda al ver que nos devolvíamos con el fiambre comenzó a
hacer discretas pero enérgicas señas que indicaban: ¡Pa'lante!
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